Convivir con los coches yendo en bicicleta

Moverse por calzadas dominadas por coches es el mayor desafío al que te enfrentas como ciclista. De lo que no cabe duda es de que constituye la mayor amenaza a tu integridad física. Es alarmante darse cuenta de que no es tu vida lo único en manos de los conductores, sino que también sujetan smartphones, cigarrillos electrónicos y vasos de café. Parece una historia de terror, pero es que lo es.

A pesar de todo, es importante no olvidar que el automovilista no es tu enemigo, es una persona como tú, es decir, distraída, impuntual y capaz de un egoísmo alucinante. Porque egoístas lo somos todos. En eso no es intrínsecamente peor el usuario del coche que el de la bici. Lo que cambia es meternos en cajas insonorizadas de dos mil kilos, dotadas de un motor que acelera de cero a cien en menos de diez segundos.

Más que cambiar nuestra conducta, lo que hacen los coches es amplificar sus efectos. Como ciclista te das cuenta enseguida, y con algo de suerte aprendes a prever dichos efectos y evitarlos en el transcurso de tus correrías.

CONDUCTAS MÁS PELIGROSAS DE LOS AUTOMOVILISTAS

  • Mirar sin ver: no te fíes del cruce de miradas. Una cosa es que creas haber establecido contacto visual con un conductor y otra que él se haya fijado en ti. A veces, en lo que se fija es en lo que hay detrás. Otras te ve, pero piensa: “paso de todo y sigo”. A menudo los conductores confían en que pares o hagas alguna maniobra para esquivarlos, aunque tengas preferencia.
  • Cederte el paso: de vez en cuando se para un conductor y tiene la amabilidad de indicarte que pases, aunque técnicamente tenga preferencia. Parece que te haga el favor de tu vida, con un gesto tan magnánimo que es como si te bendijera desde el Papamóvil. Aunque el gesto sea bienintencionado, entraña sus peligros, y es importante que los tengas en cuenta. Uno de ellos es que el conductor que viene en el otro sentido no tiene la menor idea de que te han dejado pasar. Si no tienes la certeza absoluta de que no viene nadie, muchas veces la mejor respuesta es: “no, tú primero, insisto”.
  • Abrir la puerta de golpe: jurídicamente hablando, en casi todas partes la culpa de chocar con una puerta es del conductor que la abre, pero se necesita mucha suerte para encontrar a un automovilista o agente del orden que lo reconozca. Hay que partir de la premisa que cualquier coche aparcado o parado es una trampa de resorte, y de que cualquier puerta junto a la que pases puede abrirse de golpe en el momento más insospechado. Si vas por una calle de sentido único, circula siempre, en la medida de lo posible, por el lado de la puerta del copiloto. Conductor hay en todos los coches (al menos de momento), pero copiloto no; de ahí que suelan ser algo menores las posibilidades de recibir un portazo en el lado de la calzada que le corresponde al segundo.

Mi bici y yo, un libro de Larousse

  • Abrir la puerta despacio, cerrarla y abrirla otra vez de manera más brusca. De vez en cuando verás que se entreabre la puerta de un coche y que justo después vuelve a cerrarse. Tal vez lo interpretes como que la ha abierto el conductor, ha mirado por encima del hombro y, al ver que venías, ha cerrado otra vez para dejar que pases. Craso error. En realidad, suele ser una simple apertura malograda. Tranquilo, que hará todo lo posible para pillarte a la segunda.  
  • Conducir distraído. La perspectiva aventajada del ciclista te permite lanzar una ojeada al interior de los vehículos, momento en que sin duda llamará tu atención la cantidad de conductores absortos en sus móviles. Ojo con estos conductores distraídos. Si el resol o unas lunas tintadas te impiden ver el interior del coche, casi siempre podrás reconocer al conductor aquejado de movilitis cuyo estilo de conducción consiste en desviarse y corregir el rumbo repetidas veces. Otra señal reveladora es que no arranque al cambiar el semáforo, provocando el consiguiente coro de bocinas, hasta que pisa el acelerador y cruza a toda mecha sin mirar. Por eso no hay que situarse jamás frente a un conductor parado en un semáforo verde, ni cruzar en rojo a gran velocidad porque un conductor distraído aún no haya puesto el coche en marcha. 

Mi bici y yo, libro Larousse

  • Adelanto y giro. Muchas veces te adelante un coche y justo después te corta el paso con un giro a la derecha, siempre sin avisar. Es una pena, pero muchos conductores están convencidos de que nunca, por nada del mundo, hay que esperar por un ciclista (esperan que pares siempre tú). Con suerte solo te obligan a frenar. Con menos suerte, te asestan un “gancho de derecha” que puede ser mortal. Por eso siempre hay que acercarse a los cruces con una idea muy clara de quién hay delante y quién detrás, y poder girar o frenar en caso de embestida.

Un libro de Eben WeissEste artículo ha sido extraído del libro Mi bici y yo, la guía más completa para descubrir, disfrutar y no querer bajar de una bicicleta escrita por el neoyorquino Eben Weiss. “Una desternillante mirada a los pros y contras de la cultura ciclista” según la Revista People.

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