Aprende de los grandes oradores de la historia

En el arte de la comunicación, sin duda la tecnología ha introducido cambios espectaculares en los formatos. Pero es la retórica, inventada por los griegos, la que nos proporciona la base para construir un discurso. Desde hace dos mil quinientos años, los buenos oradores se miran en el espejo de la antigua Grecia. No es la tecnología lo que deslumbra en una buena presentación o discurso, sino el impacto que provoca en las emociones de quien escucha.

Hablar bien en público - Larousse

A continuación, veremos varios ejemplos y destacaremos algunas de sus virtudes.

Abraham Lincoln

Abraham LincolnMeses después de la batalla de Gettysburg, donde quedaron diseminados miles de cuerpos de soldados caídos por parte de ambos bandos, el gobernador de Pensilvania se encargó de levantar un mausoleo para inmortalizar a las tropas de la Unión que perecieron en tan sangriento enfrentamiento. El orador más conocido entonces, Edward Everett, pronunció un discurso de dos horas ante la multitud desconsolada. A continuación, se le pidió a Abraham Lincoln que añadiera unas palabras al discurso de Everett. Y en dos minutos, Lincoln pronunció un discurso que se convirtió en un símbolo patriótico para la nación estadounidense.

En total, dijo 272 palabras. Con el paso del tiempo, el discurso de Lincoln fue considerado uno de los mejores de la historia y modelo de oratoria para futuras generaciones. Tiene en común con Pericles su patetismo dramático: evoca a los antepasados en presencia de hombres valientes que murieron por defender la libertad. Este es el texto íntegro:

Hace ochenta y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada en el principio de que todas las personas son creadas iguales. Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como lugar de último descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa. Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí ya lo han consagrado, muy por encima de lo que nuestras pobres facultades podrían añadir o restar. El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí digamos, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Somos, más bien, nosotros, los vivos, quienes debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que los que aquí lucharon hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que de estos muertos a los que honramos tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron la última medida colmada de celo. Que resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra.

Everett habló durante dos horas y nadie recuerda su discurso. Lincoln habló durante dos minutos y sus palabras son estudiadas en las escuelas de medio mundo. 

Martin Luther King

Martin Luther KingEste discurso impactó al mundo un caluroso día de agosto de 1963, en la ciudad de Washington D. C., ante una multitud necesitada de esperanza. En contenido y forma, reúne todos los elementos de la buena oratoria. Fue pronunciado en dieciséis minutos y medio, que habían sido ensayados una y otra vez ante diferentes personas hasta que el discurso quedó perfectamente pulido.

Todavía hoy, sigue siendo un modelo de oratoria del que podemos aprender constantemente.
Escrita sobre papel, la frase I have a dream podría no haber sido más que el deseo de ver cumplido un deseo. Sin embargo, pronunciada cada una de sus palabras con la cadencia y el énfasis adecuados, despertó a miles y miles de ciudadanos en un momento crucial de la historia estadounidense. En la frase no hay simplemente una invocación a luchar por los derechos de las personas, sino una sutil evocación a sentimientos más profundos de religión y de patriotismo.

Para remover las emociones del público, a veces no basta con una encendida reivindicación política. Hay que llegar hasta lo más profundo, y conseguir grabar en su memoria el mensaje que importa. En la frase de Luther King, el mensaje es «mi sueño es también vuestro sueño».

El secreto de los grandes oradores es conseguir que el público haga suyas las palabras que está oyendo y que, sin darse cuenta, las memorice para siempre. La frase «Tengo un sueño» produce un efecto mágico inmediato. Todos tenemos un sueño. La verdadera función de la oratoria es conseguir que la audiencia se identifique con nuestro discurso y siga escuchando para llegar al mensaje. Pero, además de esta magnífica idea, son muchos más los elementos
que se podrían destacar de este discurso. Por ejemplo: Sueño que mis cuatro hijos, vivirán un día en una nación donde serán juzgados, no por el color de su piel, sino por su carácter. Aquí las comas representan cada pausa que hacía Martin Luther King al pronunciar su discurso. Aunque sintácticamente la primera de las comas no debería ir entre esas palabras, el orador quiso enfatizar el significado de su mensaje. Y las pausas, detrás de esas palabras, ayudaron a intensificar el impacto que él buscaba.

Nancy Duarte, profesional de reconocido prestigio, ha estudiado minuciosamente los 16:30 minutos que dura el discurso y lo explica con espíritu didáctico a aquellas personas que quieren aprender a comunicar con eficacia. En su explicación, Duarte establece las distinciones entre los diferentes momentos en que Martin Luther King dividió su discurso.

Sócrates

El famoso discurso que Sócrates pronunció en su defensa ante los jueces que lo iban a sentenciar es una joya que ha inspirado a oradores de todos los tiempos. Conocido como Apología de Sócrates, es una recreación hecha por su discípulo Platón que tanto admiró a
su maestro.

Sócrates fue condenado a muerte por defender ideas contrarias a las admitidas por el Estado. Y aunque de nada sirvió que Sócrates hiciera una brillante apología, ya que fue condenado a muerte, ha pasado a la historia como el primer gran defensor de la libertad de pensamiento.

El alegato empieza así:

Yo no sé, atenienses, la impresión que os ha causado el discurso de mis acusadores. Pero a mí me ha dejado confuso; tal ha sido su capacidad de persuasión. Sin embargo, no han dicho una palabra que sea verdad.

He aquí un brillante momento rombo: conexión con la audiencia, cuya atención atrapa mediante un recurso emocional. Este es uno de los comienzos de discurso más impactantes que se han escrito jamás. Pocas veces se dice tanto en tan poco espacio. En el momento culminante, antes de beberse la cicuta, Sócrates se dirige a los jueces que han votado a favor de la pena y les dirige unas palabras inolvidables:

Cuando mis hijos sean mayores os suplico que los atormentéis si veis que prefieren las riquezas a la virtud y que se creen algo cuando no son nada, porque así es como yo he obrado con vosotros. Ya ha llegado el momento; para vosotros, el momento de vivir, y para mí el momento de morir. Entre vosotros y yo, ¿quién lleva la mejor parte? Esto es lo que nadie sabe, excepto el dios.

Oratoga LarousseFragmento extraído del libro Hablar bien en público con el método Oratoga de Bárbara Pastor.

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