Ciberbullying. Yo educo, tú detectas, él actúa

Al acoso físico, verbal y social hay que añadir un cuarto tipo de abuso que de un tiempo a esta parte ha crecido tanto dentro como fuera de los centros escolares de un modo alarmante. Y no solo ha crecido de forma exponencial, sino que ha ido ramificándose y manifestándose de maneras tan diversas como susceptibles de constituir delito. El ciberbullying es el tipo de acoso en red más conocido. Por ciberbullying se entiende el acoso que una persona ejerce sobre su víctima a través de medios electrónicos tan diversos como el correo electrónico, mensajería instantánea (sobre todo whatsapp), redes sociales, blogs, páginas web, chats, juegos online. Entre adolescentes, el dispositivo más usado para este acoso es el móvil.  Es un tipo de acoso en el que, por norma general, solo están implicados menores, unos menores maltratadores que se sirven de la tecnología para vejar, chatajear, insultar, amenazar, humillar o difamar a sus víctimas, por citar algunas de las actuaciones más frecuentes.

¿Cómo se manifiesta el ciberacoso?

Algunas diferencias significativas entre el acoso físico, verbal y social y el ciberacoso son: 

  • La edad entre el maltratador y la víctima suele ser muy similar.
  • Hay una continuidad en las acciones dado que pueden producirse en diversas plataformas con distintos dispositivos. 
  • El papel de líder suele estar más diluido, es decir, no siempre hay lo que podríamos llamar un único “ciberabusón”. 
  • El acosador y la víctima no tienen por qué conocerse. En muchas ocasiones, el maltratador se sirve del anonimato para acosar. 
  • El ciberacoso va más allá de lo que se entiende por jornada escolar. Al servirse de la teconología, el acosador o acosadores pueden abusar en la red de sus víctimas a todas horas todos los días de la semana.
  • El género de quien acosa por la red es mucho más equitativo entre chicos y chicas que el que se da en el acoso físico, por ejemplo. Este es un dato significativo que ayuda a explicar por qué ha crecido tanto el ciberacoso de un tiempo a esta parte. 

Acoso escolar - Michael MeisterTú detectas

¿Qué síntomas suele tener una víctima de ciberacoso? La detección constituye una de las claves que tenemos como adultos para erradicar cualquier situación de abuso que se esté produciendo en la red. Una detección que en el caso de la víctima puede intuirse o adivinarse cuando se dan algunos de estos síntomas:

  • Modificación de hábitos: faltas de asistencia a clase o a entrenamientos, cambio de ruitna en el uso del móvil o del ordenador, bajo rendimiento académico, falta de atención y concentración, modificación de las costumbres en su tiempo de ocio, reticencia a salir de casa, falta o exceso de apetito.
  • Estado de ánimo: cambios repentinos de humor, apatía, ansiedad, impaciencia, tristeza, llanto sin aparente motivo, agresividad, reticencia a la hora de responder a una pregunta. 
  • Síntomas físicos: hombros caídos, ojeras, aumento o pérdida de peso, descuido en la ropa y en la higiene personal, manifestación de dolencias (cefaleas, mareos, dolor abdominal), insomnio, aparición de lesiones en zonas poco visibles del cuerpo. 

Estos son algunos indicadores que pueden sugerir que vuestros hijos se encuentran en una situación de acoso. En el caso del ciberacoso, estos síntomas suelen manifestarse de manera mucho más brusca que en el acoso físico, verbal o social. De ahí que como padres y educadores debamos estar muy alerta a los indicios que vuestros hijos pueden manifestar y actuar en consecuencia y con contundencia. Una contundencia que nace de la observación para desembocar en el diálogo. Porque es a través del diálogo, de conseguir que la víctima se abra, como lograremos hacerle ver que no es culpable de esa situación, que la comprendemos, que estamos ahí para escucharla, para ayudarla y para acabar con su sufrimiento. En definitiva, se trata de llevar a cabo con la víctima tres acciones muy concretas;

  • Eliminar el sentimiento de culpa que pueda sentir.
  • Promover el diálogo abierto y sincero mediante el uso de preguntas abiertas, preguntas que no se responden con un simple sí o no.
  • Transmitir la suficiente confianza como para que la víctima crea que lo que le pasa se puede solucionar.

Cuando se está con la víctima, hay que hacerle ver que el tiempo no solucionará el problema, que el miedo puede sustituirse por la esperanza y que solo se puede salir de esa situación pidiendo ayuda. 

Él actúa. ¿Cómo actúar en un caso de ciberacoso?

Si hay algo que debemos tener muy claro es que si una víctima se decide a actuar para poner fin a su situación normalmente es porque la misma se ha vuelto insostenible, por contundente, por su prolongación en el tiempo, por las consecuencias físicas, sociales y psicológicas, etc. De ahí que, cuando se confirma un caso de ciberacoso, los pasos a seguir serían los siguientes:

  • El cese inmediato del ciberacoso por parte del agresor o agresores.
  • La protección de la víctima para evitar cualquier tipo de represalia y el apoyo familiar y escolar.
  • La reparación del daño sufrido por la víctima y la exigencia de pedir perdón por parte del acosador o los acosadores. 
  • La sensabilización de toda la comunidad educativa. 

Medidas con todo el alumnado

Las actuaciones podrían ir desde sensibilizar y convencer al alumnado de la importancia de denunciar hasta llevar a cabo, por ejemplo, actividades relacionadas con las habilidades sociales, talleres externos, inclusión de la probleática del acoso en los currículums de las asignaturas, dinámicas de grupo en las sesiones de tutoría para trabajar aspectos como la autoestima, la asertividad, el autoconcepto o la resilencia, etc. Como se ve, para ponerlas en práctica, se necesita una participación activa no solo del alumnado, sino también del claustro de profesores. 

Protección de la víctima

Se trataría de llevar a cabo un seguimiento de la víctima por parte del tutor y, si lo hay, del orientador del cetnro. También se puede plantear un asesoramiento externo.

Medidas correctoras para el maltratador o maltratadores

Con el abusador o abusadores se debería empezar por informar de lo sucedido a sus padres. La segunda medida sería la de pedir perdón, a la que habría que añadir las relacioadas con la sanción que marque el reglamento del centro. Otras medidas posibles comprenderían la realización de tareas para la comunidad o de programas de modificación de conducta, de derivación a servicios externos, etc. 

Asesoramiento a las familias

Tanto la familia de la víctima como la del agresor deben contar con asesoramiento y mostrar su colaboración para que la situación del abuso no se repita. También deben estar al corriente de los pasos que sigue el centro y de la evolución de sus hijos en el mismo. En caso necesario, cabe la posibilidad de derivar dicha atención a servicios externos. 

Este artículo es un fragmento del libro del profesor Santiago Moll Empantallados. Cómo convivir con hijos digitales.

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