¿Cómo se cura un corazón roto?

Estás pasando un mal momento. La persona que lo era todo para ti te ha dejado. Por supuesto, el mundo no se acaba ahí, aunque lo parezca. Nada más te importa. No quieres sentirte así, pero no ves el final del túnel ni ningún asidero que te ayude a salir de él. Francamente, ahora mismo no le encuentras sentido a nada. ¿Cómo se supone que debes afrontar el porvenir cuando tu mundo entero se ha venido abajo? ¿Y qué sentido tiene todo el dolor que ahora te embarga?

Corazón Roto Nietzsche Larousse

Bien, este es un problema serio. Quizá no sea un asunto de vida o muerte —sobre todo, si se ve desde fuera—, pero para la persona que lo sufre puede llegar a parecerlo. Por otro lado, es una experiencia universal, así que cabría esperar que la mayoría de los filósofos pudieran ofrecernos buenos consejos. El pensador romano Boecio (c. 480-524) escribió una obra, La consolación de la filosofía, cuyo título daría a entender que los filósofos tienen algunas indicaciones al respecto, pero que en realidad se ocupa de proponer que dirijamos nuestra mente hacia temas más elevados. Además, y como ocurre con casi cualquier asunto, los filósofos tienen unas opiniones ampliamente divergentes sobre cómo tratar un corazón roto. Estas podrían agruparse en tres grandes opciones: la de «deshazte de ello y tira adelante», la de «al mal tiempo buena cara» y la de «esto hará de ti una persona mejor». Un buen consejero, especialmente si eres mujer, podría ser la filósofa francesa Simone de Beauvoir (1908-1986). Además de ser una franca y lúcida feminista, y una existencialista con los pies en el suelo, tenía una rica experiencia en temas del corazón, o al menos en los de cama. Poseía la actitud, infrecuente en una mujer de su tiempo —mediados del siglo xx—, del «aquí te pillo, aquí te mato» más propia del género masculino, y posiblemente ella te diría que de peces está lleno el mar. Sí, tal vez esto no sea de gran ayuda cuando estás recreándote en la autocompasión, pero De Beauvoir no dejaría la cosa ahí. Mucho antes de que el lema «lo personal es político» se convirtiera en el grito de guerra de la segunda ola del feminismo, esta filósofa ya pregonaba el mensaje y lo encarnaba en su propia vida. Lo que es bueno para ellos, también lo es para ellas, diría: ¿por qué las mujeres deberían estar atadas de pies y manos a las convenciones de la feminidad?

Por tanto, no deberías esperar mucha comprensión de su parte. Más bien te diría que dieras un volantazo y tomaras el control de la situación, en vez de que esta te controlara a ti. Seas hombre o mujer, te haría ver cómo te has dejado llevar hasta tu lamentable estado actual. Habías hecho de una relación romántica la principal fuente de sentido de tu vida… ¿Qué esperabas? Hay otras cosas en la vida, igual de importantes, y puedes ir tras ellas. A fin de cuentas, está en tu mano ser feliz o vivir amargado, sin tener que contar con los demás para alcanzar tu propósito. En pocas palabras, te diría que lo superaras y que te aseguraras de no volver a hacerte daño otra vez. Su consejo, sin embargo, sería en cierto modo como asegurarse de cerrar la puerta del establo cuando el caballo ya ha escapado, y resulta un tanto severo mientras aún estás lamiéndote las heridas.

Lo que querrías saber es qué debes hacer ahora para que estas cicatricen. El filósofo griego Epicuro (341-270 aC), un par de miles de años antes que De Beauvoir, podría coincidir con ella en términos generales. Su principio era minimizar el dolor (no, como popularmente se cree, la simple búsqueda del placer), por lo que tampoco se mostraría muy comprensivo viéndote sufrir así. Pero en lugar de darle más vueltas al asunto y alargar la agonía, recomendaría dar con la manera de aliviar el dolor, en primer lugar atemperando los deseos que a fin de cuentas son los que te han llevado al trance actual. Así podrás empezar a buscar cosas que te proporcionen un placer genuino y aprenderás a evitar aquellas que te causan dolor.

¡Supéralo!

Pese a lo conveniente que pueda resultar el consejo de Epicuro, probablemente tampoco te llegue a resultar de gran ayuda en este preciso instante. Si estás interesado en maneras más prácticas de salir del atolladero, quizá uno de los estoicos pueda servir. El también griego Zenón de Citio (c. 334-262 aC), fundador de la escuela estoica de filosofía, creía tener la respuesta para alcanzar la paz mental, así que podría ser una buena elección. Eso sí, era realista y virtuoso hasta la austeridad, de modo que su consejo quizá sea un poco duro de seguir. Te diría que el modo correcto de encarar la vida es viviéndola en armonía con la naturaleza, lo que supone que hay que afrontar igual tanto el sol como la lluvia. No debes dejar que el mal tiempo te abata, como tampoco debes exaltarte con el bueno. Y, lo principal, si tratas de cambiar cosas sobre las que no tienes control, no obtendrás más que frustración y disgustos. Si, no obstante, lo que necesitas es un poco más de compasión, sería preferible que buscaras en una fuente más espiritual. En Buda (nacido c. ss. vi-iv aC), por ejemplo. Él mismo ya parece más comprensivo, con esa sonrisa beatífica. Sí, sería comprensivo, pues era plenamente consciente de que el mundo está lleno de sufrimiento, pero lo bueno es que él conocía un modo de superarlo. Te diría que, en efecto, sabe lo espantoso que es tanto sufrimiento y que todo él procede de tener deseos que no pueden satisfacerse. De acuerdo, has perdido al amor de tu vida, pero aun cuando siguieras teniéndolo, tampoco sentirías satisfacción. Para dejar de sufrir debes dejar de atarte a las cosas y a las personas. A continuación, te lanzaría su «camino óctuple» —la guía budista para el bienestar—para ayudarte a superar los insaciables deseos que causan tu tormento. Persevera en el programa y podrás alcanzar la tranquilidad eterna.

Mucho antes de que se pusiera de moda entre los hippies de Occidente, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) quedó prendado con la filosofía india, a la que debe mucho en la configuración de su visión del mundo. Pero, salvo que quieras seguir regodeándote en el abatimiento, quizá no sea la persona apropiada en la que fijarse. Tal vez fuera el filósofo más oscuro y pesimista de todos los tiempos, y eso lo ponía de mal humor. Como Buda, reconocía que el sufrimiento está por todas partes, todo el tiempo, y además insistiría en que no hay escapatoria. ¿Pero de veras quieres curar un corazón herido? No te preocupes: el mundo rezuma tristeza, cierto, y no podemos hacer nada al respecto… salvo tal vez perdernos en la filosofía o la música. Hagas lo que hagas, acabará en llanto. Acostúmbrate, es la condición humana.

Una experiencia positiva

Quizá el consejo más optimista que puedas recibir sea el que te daría Friedrich Nietzsche (1844-1900). Habiendo sufrido la horrible muerte prematura de su padre, una crisis de fe y el rechazo de una joven, sabía perfectamente lo que significaba tener el corazón roto. Y pese a estas tragedias, encontró la manera de configurar a partir de esas experiencias una filosofía positiva. Allí donde muchos filósofos con convicciones religiosas habrían vuelto su mirada hacia la fe, Nietzsche despreciaba la idea de que debamos aceptar que el sufrimiento forma parte del propósito previsto por Dios para nosotros. En cambio, coincidiría con Schopenhauer en que nuestras vidas están guiadas por cierto fatalismo; pero para Nietzsche esto debería considerarse una oportunidad, más que un revés. Simpatizaría contigo hasta cierto punto, y te diría que tu dolor es inevitable en el ser humano. Pero te aconsejaría que no solo superaras el mal momento, sino que también sacaras provecho de él.

Según su experiencia, te diría, el dolor no solo es necesario sino que te arraiga a la vida. Las cosas por las que nos esforzamos, aquellas que merecen la pena, conllevan el riesgo del fracaso, y el sufrimiento que este comporta nos permite, cuando menos, apreciar nuestros logros. Si la encaramos con la actitud apropiada, cada etapa de sufrimiento en nuestra vida nos fortalecerá y nos capacitará para llevar la vida que queramos. Eso sí, mejor no rebusques en la biografía de Nietzsche, pues en ella verás que en realidad nunca superó el rechazo de su amada y que murió a los 55 años, demente y sifilítico.

Toma una decisión

¿Crees que De Beauvoir lleva razón, que deberías superar la ruptura y tomar las riendas de tu vida? ¿O te inclinas más por Zenón, Buda y Schopenhauer, cuando te dicen que, al quedar prendado en las garras del amor, debes aceptar la inevitable dosis de dolor y sufrimiento? Y si antes de pasar página tienes que pasar por el dolor, ¿coincides con Nietzsche en que la experiencia puede aportarte algo que te ayudará en el futuro y que tal vez incluso enriquezca tu vida?

¿Qué haría Nietzsche? Larousse

Este texto ha sido extraído del libro ¿Qué haría Nietzsche…? sobre cómo los grandes filósofos podrían ayudarnos a encarar problemas cotidianos

Imagen destacada: Kelly Sikkema

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