Constelaciones de verano

Las agradables noches de verano son las que más invitan a empezar a disfrutar de la astronomía. Sin embargo, el período estival no es el más favorable para las primeras exploraciones celestes, y no sólo por las constelaciones, sino también por la calidad del cielo.

Crepúsculos de la noche y de la mañana…

Seguramente habrás observado que la noche no llega de forma repentina en el momento en que el Sol traspasa la línea del horizonte. La luz solar continúa iluminando las regiones superiores de la atmósfera, que todavía reflejan su luz. Esta claridad que alarga el día se denomina «crepúsculo». Por la mañana, el fenómeno inverso es la «aurora». El resplandor crepuscular se percibe hasta que el Sol alcanza un ángulo por debajo del horizonte. En verano, en torno al solsticio, la inclinación de la Tierra hace que el Sol no llegue a descender más en las latitudes nórdicas. En las latitudes superiores a 48º 33’, el crepúsculo del atardecer no llega a dar paso a la noche, sino, inmediatamente, a la aurora de la mañana, por lo que la noche nunca es absolutamente oscura. El 21 de junio no llega a aparecer la noche completa al norte de este paralelo. También hay que tener en cuenta que el tiempo nocturno de observación se reduce en esas fechas a 4 horas, mientras que alrededor de Navidad alcanza las 12 horas. La primera parte del verano, por consiguiente, no es la época ideal para observar el cielo, y, aún menos, para practicar la astrofotografía, que necesita que haya una oscuridad total.

Horizonte norte
Aspecto del firmamento el 15 de junio a las 0:30 h, el 15 de julio a las 22:30 h y el 15 de septiembre a las 18:30 h.
Horizonte sur
Aspecto del firmamento en las mismas fechas y horas.

El Boyero, ¿cometa o paracaídas?

Dirige tu mirada hacia el noroeste antes de medianoche, de cara al horizonte. Encontrarás las siete estrellas principales de la Osa Mayor. Prolonga el arco de la cola una medida equivalente a la de la constelación, y encontrarás a Arcturus, una estrella brillante anaranjada de la constelación del Boyero. Esta constelación presenta una forma similar a la de una cometa, aunque hay quien compara el Boyero con el paracaídas del paracaidista Arcturus…

La Corona Boreal

A la izquierda de la parte más alta de este paracaídas imaginario, se ven siete estrellas poco brillantes que forman un círculo casi completo. Se trata de la Corona Boreal, perfectamente visible si la noche es oscura. La estrella más brillante, Alfa (α) Coronae Borealis, de magnitud 2, se denomina Gemma, que significa «joya» en latín.

Hércules

Si se une con una línea imaginaria Arcturus y Gemma, y se continúa un poco más, esta línea pasa muy cerca de un cuadrilátero bastante regular. Es Hércules, formado por cuatro estrellas de brillo medio. Hércules alberga uno de los cúmulos estelares más bellos del cielo.

El «Triángulo de Verano»

Es necesario volver a la Osa Mayor. Si se prolonga la línea que transcurre por las estrellas Gamma y Delta de esta constelación, la mirada pasa cerca de la cabeza del Dragón, una constelación secundaria que serpentea entre las dos Osas y luego atraviesa un gran triángulo isósceles formado por Vega, Deneb y Altair, el «Triángulo de Verano». Hacia el centro de este triángulo se encuentra Albireo, o Beta (β) Cygni, una conocida estrella doble cuyos dos componentes se pueden indentificar con prismáticos o con un pequeño telescopio. El famoso «Triángulo de Verano» se contempla sin dificultad al dirigir la mirada hacia el sureste.

Lira y su paralelogramo

La estrella más brillante del «Triángulo de Verano», Vega, pertenece a la pequeña constelación de la Lira, representada por un paralelogramo regular formado por cuatro estrellas poco brillantes. En las primeras horas de las noches de verano, Vega se sitúa en el cenit. Con la ayuda de un mapa celeste simplificado, se debe buscar la estrella Delta (δ) Lyrae, una estrella doble perceptible a simple vista si las condiciones son adecuadas, o con unos prismáticos si no lo son tanto.

Una mirada al ápex solar

Es necesario dirigir la mirada entre Vega y el cuadrilátero de Hércules. Se trata del punto del firmamento hacia donde se dirige el Sol, junto con todos sus planetas, a una velocidad de 200 km/s. Por otra parte, en una noche de invierno, se puede buscar a Sirius hacia el Sur, la estrella más brillante del firmamento. El Sol y su cortejo vienen entonces de los parajes de Sirius, de donde nos alejamos a la misma velocidad, es decir, 72000 km/h.

La cruz del Cisne

Deneb, a la izquierda de Vega, es la cabeza de una gran cruz un poco rota, en plena Vía Láctea. El pie de esta cruz está marcado por Albireo, una bonita estrella doble, con un llamativo contraste de amarillo dorado y verde azulado, visible con instrumentos poco potentes. La alineación de las estrellas Gamma y Delta, de la Osa Mayor, cruza primero, casi en ángulo recto,la línea Deneb-Vega, y luego atraviesa la cruz del Cisne y la Vía Láctea.

El Águila, con Altair, junto al Delfín

El último ángulo del «Triángulo de Verano» lo forma Altair, en la constelación del Águila. Altair, la estrella más cercana al horizonte meridional, está enmarcada por dos estrellas más débiles, más o menos alineadas con la estrella central, y que recuerdan, de alguna manera, las alas del águila. A la izquierda de Altair y, más o menos a la misma altura, se observa fácilmente un pequeño rombo de cuatro estrellas bastante próximas entre sí. Se trata del Delfín. La estrella Gamma de esta constelación es una de las estrellas dobles más bellas del firmamento; es de color anaranjado y verde y puede verse sin dificultad con un instrumento pequeño. En el horizonte del cielo de verano se encuentran tres constelaciones zodiacales: Libra, Escorpión, con Antares, y Sagitario.

Este fragmento pertenece al libro «Observar el Cielo a simple vista o con prismáticos».

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