Date una vuelta por el dominio romano (218-19 a. J.C.) con el Atlas Histórico de España

Complemento del Atlas histórico mundial, dirigido por George Duby y publicado en esta misma colección, el Atlas histórico de España contiene 80 mapas en los que se describen los principales episodios del devenir histórico español. 

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Roma, una pequeña ciudad-estado de la península italiana, se desarrolla y se consolida en el siglo III a J.C. gracias a su continua expansión territorial. La Roma republicana es una verdadera sociedad militar, con un poderoso ejército formado por sus ciudadanos, a semejanza de las ciudades-estado griegas y otros pueblos de la cuenca mediterránea, pero preparados como nunca antes. Hablar de Roma equivale a evocar una imparable máquina de guerra, organizada por disciplinadas legiones, cuyas victorias sustentan su crecimiento y retroalimentan nuevas conquistas. 

En el marco de este formidable empuje imperialista, en plena guerra contra Cartago, otra potencia que puede disputarle la supremacía en el Mediterráneo occidental, tiene lugar la conquista romana de la península ibérica. La presencia cartaginesa es liquidada en pocos años, pero la conquista de toda la península no consiste precisamente en un paseo militar. Son dos siglos de combates, puesto que la lucha de las poblaciones autóctonas contra dicho poderío militar romano es tenaz y perseverante. 

Las primeras tropas romanas, al mando del general Cneo Cornelio Escipión Calvo, enviadas para enfrentarse a Cartago, desembarcan en 218 a. J.C. en Emporion. La derrota final cartaginesa en la península en el año 206 a. J.C. da paso al dominio romano del Mediterráneo occidental. En el año 197 a. J.C., el este y sureste peninsular quedan bajo dominio de Roma, que divide el territorio en dos provinciae o provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior, dirigidas por pretores. Si en un primer momento el dominio de la península es estratégico, en el marco de la guerra con Cartago, después se valora por ser un territorio conocido por su minería y sus productos agrícolas de calidad y se preconiza su completa conquista. Pero más allá de las zonas próximas a las costas mediterráneas, la expansión hacia el interior y la meseta (siglo II a. J.C.) topa con la resistencia de los pueblos celtíberos y lusitanos, que protagonizan continuas rebeliones contra las imposiciones romanas y solo acaban cediendo tras una larga y violenta lucha. Dos de sus episodios más conocidos y que demuestran el duro enfrentamiento protagonizado por ambas partes son la conquista romana de Numancia, la capital de los arévacos, por Publio Cornelio Escipión el Africano Menor, en 133 a. J.C., seguido del contraataque romano. La siguiente fase de la expansión romana, por el valle del Ebro, se produce en la primera mitad del siglo I a. J.C., en el marco de las guerras civiles que enfrentan a Julio César con Pompeyo.

A principios del periodo imperial, iniciado en el año 27 a. J.C., la franja norte y noroeste peninsular aún queda fuera del dominio romano. Con las campañas de la segunda mitad del siglo I a. J.C., dirigidas personalmente por el emperador Augusto, se pone fin a la resistencia de galaicos, astures, cántabros y vascones, cuyo territorio queda bajo control de las legiones establecidas en campamentos militares.

Atlas histórico de España - LarousseEl texto de este artículo ha sido extraído del libro Atlas histórico de España. Los temas del atlas se agrupan en cinco grandes secciones, que dividen la historia española en etapas cronológicas. Además, al inicio de cada una de estas secciones, se incluye un cuadro cronológico con los acontecimientos más importantes y también con los principales del resto del mundo, para contextualizar adecuadamente la historia de España.

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