La carga mental: la gestión de un día a día habitual

Todas las personas, vivan solas o en pareja, e independientemente del sexo, pueden verse confrontadas a un problema de carga mental.

La gestión de la vida cotidiana de una casa es susceptible de representar por sí sola una causa de carga mental para la mujer o el hombre que se vea principalmente afectado. Se trata de una dimensión subjetiva que podría calificarse como «coste psíquico». ¿Qué decir entonces cuando a esta se suma una actividad profesional, causante a su vez de un «coste psíquico» suplementario? En cuanto se acumulan las tareas y es preciso actuar en varios frentes a la vez, la carga mental resulta inevitable.

La gestión de un día a día habitual

Hogar, familia, hijos

El hombre o la mujer que asume en mayor medida la carga del hogar debe gestionar y planificar la buena marcha del mismo. Esta persona, garante de la seguridad y de la realización personal de todos los que viven en él, es quien corre el riesgo de acusar una sobrecarga. La carga mental nace, ante todo, por la «acumulación» de las tareas a realizar y de las situaciones a gestionar, y no por una simple sucesión de las mismas, aunque ambos fenómenos coexistan. A esta acumulación se añade la noción de los plazos distintos para la realización de cada una de las tareas.

La gestión de una casa, que se articula también en torno a las actividades escolares, extraescolares, profesionales y de ocio de cada miembro de la familia, es un ejemplo muy válido. La persona responsable debe actuar como el director de una orquesta imposible, en la que todos los instrumentos interpretan su propia partitura, con su propio ritmo. Al igual que en un concierto, parece normal esperar que el resultado final sea armónico. Sin contar con la cuasi obligación de que todos aquellos problemas susceptibles de surgir, independientemente de su naturaleza, queden resueltos en el plazo más breve. No puede asegurarse que la mujer o el hombre que dirige la orquesta sea capaz de apreciar la música. ¡Es probable que oiga más aquellos pasajes desafinados que los armónicos, pocas veces tiene la oportunidad de congratularse por la buena marcha de su hogar o de recibir felicitaciones espontáneas! En la mayoría de los casos, las tareas realizadas por esta persona son poco visibles, cuando no invisibles, lo que les otorga un carácter bastante ingrato. En efecto, cuando la gente entra en su casa, rara vez comentará: «¡Oh, pero qué limpio está todo!». en cambio si hay polvo sobre una repisa de mármol negro, la gente se fijará enseguida, sobre todo si el invitado pasa el dedo por encima…

En el trabajo

En el trabajo, la situación es prácticamente la misma. Al igual que en casa, a menudo se produce una acumulación de tareas y de mundos diversos. Tomemos como ejemplo el(la) jefe de una empresa tipo PYME. Esta persona se ve obligada a estar en todos los frentes: gestión de los problemas en el seno de la propia empresa (conflictos, absentismo, errores), así como en el exterior (relación con las administraciones, burocracia monumental y compleja, plazos perentorios de pago en caso de dificultades de liquidez). Los asalariados de las grandes empresas, cuyas exigencias pueden llegar a ser desproporcionadas, tampoco se libran de ello. Se ven confrontados a múltiples plazos, a veces irrealistas (entrega de un dossier que se necesita para «ayer») o a reuniones que se prolongan desde primerísima hora de la mañana hasta las 20 horas. A todo ello se suma el conjunto de problemas cotidianos generados, por ejemplo, por compañeros desagradables o, en su caso, por los miembros del equipo al que hay que dirigir. La presión cotidiana y la autopista hacia la saturación representada por los cientos de mails recibidos a diario, cuya sola lectura requeriría una semana entera, se sitúan a menudo en el límite de lo tolerable…

En aquellos casos en los que una parte de la empresa está ubicada en un edificio, una ciudad o un país distintos, la situación no hace sino empeorar. Los interlocutores geográficamente separados no conocen sus cargas respectivas y no pueden adaptar sus peticiones en atención a las mismas.

En estas condiciones, que desgraciadamente reflejan la realidad, las probabilidades de acabar en una situación de carga mental crítica resultan especialmente altas para todos nosotros. Obviamente, plantearse iniciar una actividad extraprofesional continuada raya la inconsciencia, sobre todo cuando hay que conciliar trabajo y casa… Es importante abordar a continuación dos situaciones profesionales específicas: el trabajo a tiempo parcial y el trabajo desde casa.

El trabajo a tiempo parcial concierne básicamente a las mujeres, aunque cada vez hay más excepciones. Aquellos que trabajan a tiempo parcial han llamado la atención sobre «la trampa de trabajar en dos sitios a la vez, la empresa y la casa». Así, por ejemplo, cuando su jornada se reduce a una quinta parte, realizan el mismo trabajo que a tiempo completo, ya que suelen llevarse el trabajo a casa. Algunas de ellas, contratadas a media jornada, hablan incluso de triple condena: salario bajo, actividad poco o nada tenida en cuenta por sus parejas y sensación de estar poco valoradas. Otro punto sensible: cuando la mujer no trabaja a tiempo completo, se supone que está más en casa y ha de ocuparse más de las tareas domésticas. En muchos casos, además, renuncia a tener ayuda, precisamente debido a su jornada a tiempo parcial (menos ingresos para pagar a una asistenta, sentimiento de culpa ante un gasto que podría ahorrar asumiendo ella misma la limpieza…).

Otro caso digno de mención es el de los profesores y los teletrabajadores. Trabajar en casa constituye otra trampa. Es sencillamente imposible realizar un trabajo de calidad con interrupciones constantes, lo que suele ocurrir cuando se tiene familia. Los distintos miembros de la familia creen que su caso en particular no le va aexigir más que unos minutos a la persona presente. En cambio, es la clave del problema: que nos interrumpan cuando estamos concentrados (algo así como los directivos, que reciben una media de una llamada cada seis minutos). A menos que se trabaje en na habitación insonorizada y cerrada con llave, lo que podría ser una situación de confort absoluto se convierte en una pesadilla improductiva. Esta situación puede ser la responsable de la carga mental, ya que hay que gestionar en primer plano actividades muy distintas.

Carga mental de las mujeres

Este texto ha sido extraído del libro La carga mental de las mujeres… y la de los hombres

Imágenes: RyanMcGuire / Jordan Rowland / energepic.com

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