¿Por qué actúo como un imbécil delante de mis suegros?

Suena como si fueras consciente de que estás representando un papel, lo que significa que primero deberemos centrarnos en Erving Goffman. Aunque era un sociólogo, sus ideas fueron clave para la formación de la dramaterapia. Goffman afirmó que es un error pensar en el Yo como algo orgánico; no es sino un «efecto dramático» que surge desde dentro de una escena o un contexto.

En la Presentación de la persona en la vida cotidiana, Goffman señaló que, cuando un individuo se encuentra en presencia de extraños, esas personas intentarán obtener información sobre él, y cuanto más éxito tengan, más felices se sentirán por saber qué se espera de ellos. Buscamos información de este tipo fijándonos en la ropa que lleva alguien, por ejemplo, junto con su acento, peinado, postura física, expresiones faciales, etc. Así es como nos formamos una imagen sobre quién es esa nueva persona, aunque Goffman subraya que debemos aceptar a esa persona de buena fe: debemos decirnos a nosotros mismos que la persona es realmente como ella misma se está presentando.

Pero, al mismo tiempo, el individuo quiere algo; quizás quiera que las personas nuevas que conoce se forjen un alto concepto de él o que piensen que él tiene un alto concepto de ellas, o quizás quiera desbaratar todas sus expectativas y conservar un halo de misterio. (Las tres situaciones pueden entrar en juego al conocer a los suegros). Goffman señala que todo se reduce al control: el recién llegado quiere controlar la conducta de las otras personas y la opinión que tienen de él. Esto significa que quizás se desvíe mucho de su Yo «natural» y se presente de manera muy diferente a como se comporta con sus amigos, su pareja, sus profesores, su jefe, etc.

Todos nosotros, según Goffman, representamos un papel en función de la situación en la que nos encontramos. Esta capacidad de actuar «como si» se utiliza en la dramaterapia para liberarnos de las formas habituales de actuar. Goffman no te culparía por «actuar de manera extraña» con tus suegros, porque afirma que la sociedad nos exige actuar así para que la maquinaria de la vida cotidiana siga funcionando sin problemas. También cree que la idea de presentarnos cándidamente y expresar lo que realmente sentimos es un ideal optimista e innecesario. Lo que debe hacer el recién llegado es mantener a todo el mundo feliz transmitiendo «una visión de la situación que crea que los demás puedan encontrar, como mínimo temporalmente, aceptable». Goffman sugiere que lo logra reprimiendo «sus sentimientos sinceros inmediatos».

Actuar para la galería

La idea de que fingimos ser otra persona para mantener felices a quienes nos rodean
repercute en toda la psicoterapia y el psicoanálisis. El motivo por el que quizás te veas transformándote en lo que piensas que es su idea de la «pareja perfecta» para su hija es que tienes mucha práctica acumulada actuando como el hijo perfecto o la hija perfecta para tus propios padres. Algunos terapeutas afirmarían que esto es inevitablemente cierto para todos nosotros, puesto que nos aseguramos el cuidado continuo de nuestros padres siendo adorables —un estado subjetivo y necesariamente cambiante que depende del significado de «adorable» para las personas implicadas.

Donald Winnicott alegó que, si tenemos unos padres «suficientemente buenos», podemos desarrollar un Yo auténtico (aunque no existe garantía alguna de que no acabes actuando bajo presión, como al conocer a tus suegros). En cambio, el niño al cuidado de un padre que favorece sus propias ansias y deseos por encima de las necesidades del niño aprende rápidamente a silenciar sus propias necesidades para convertirse en el niño que a su padre le gustaría que fuera idealmente. Ese es el principio del desarrollo de un «Yo falso», que se puede desarrollar hasta tal punto que el Yo verdadero quede totalmente oculto, tanto a ojos de las otras personas como virtualmente de uno mismo. En esta situación, es posible construir una vida totalmente satisfactoria, repleta de éxitos académicos, profesionales y financieros, al tiempo que la persona se siente como un fraude o un farsante, y le resulta difícil establecer relaciones significativas. Esa persona, afirma Winnicott, se ha alejado tanto de una «vitalidad» plenamente materializada que se sentirá como si estuviera adormecida y avanzara por la vida cual sonámbula.

Respeto mal entendido

La psicoanalista Alice Miller retomó esta idea con mucha determinación cuando empezó a constatar cuántos de sus pacientes habían sido maltratados durante la niñez. Al mismo tiempo, se agarraban fielmente a la idea de que sus padres habían sido buenas personas y que, en realidad, sus vidas habían estado bien. Miller sugirió que, en estos casos, la lealtad proviene de un miedo inconsciente al abandono, donde el «niño adulto» a menudo espera toda una vida para obtener el amor de sus padres, manteniendo incondicionalmente la bondad de sus padres a costa de la suya propia. Considera que debe de ser «malo» y haber merecido los castigos recibidos.

Mediante la terapia, Miller ayudó a la gente a desenterrar y reinterpretar las memorias, redescubriendo en el proceso sus verdaderos sentimientos, que habían sido apartados para que la familia idealmente feliz pudiera continuar en pie. Miller sugiere que debemos desechar la idea de que debemos «honrar a nuestro padre y a nuestra madre», a menos que actúen de tal modo que sean dignos de nuestro respeto. De lo contrario, afirmó, esta idea se puede emplear para destruir a los niños, haciéndoles ignorar sus sentimientos hasta el punto de ser incapaces de saber qué les gusta realmente o qué ya no quieren, y dejándolos con una inexplicable sensación de culpa que durará toda la vida.

¿Qué haría freud...? LarousseAsí pues, ¿es un problema?

Parece que el Yo falso puede ser una fachada abrumadora permanente o simplemente una máscara temporal que un ser por lo demás feliz se coloca para engrasar los engranajes de las situaciones sociales. Puesto que tienes cierta idea sobre qué es «actuar como un imbécil», esto sugiere que no vives sin saberlo en un Yo falso, sino que ocasionalmente te pones un disfraz protector para afrontar esas situaciones. Goffman sugeriría que, comprensiblemente, aspiras a un «consenso práctico», porque tienes «motivos para intentar controlar la impresión que reciben de la situación». Quieres gustarles —no de forma desesperada, sino porque resulta útil—. Es algo absolutamente natural y comprensible, pero descubrirás que necesitas dar paso delicadamente a tu Yo verdadero en ocasiones futuras.

Este artículo ha sido extraído del libro ¿Qué haría Freud…? sobre cómo los grandes psicoterapeutas resolverían tus problemas cotidianos.

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