¿Qué es una feminista?

Las mujeres llevan luchando por sus derechos en todo el mundo tanto tiempo que la palabra «feminista» necesariamente abarca una amplia gama de personas con muchas grandes ideas sobre qué implican el feminismo y los derechos de las mujeres. Así pues, puede resultar útil regresar a los inicios del activismo y sus raíces teóricas, cuando la feminista y filósofa francesa Simone de Beauvoir (1908–86) se preguntó «¿Las mujeres existen?» en su libro «El segundo sexo» (1949).

De Beauvoir afirmó que no está claro a qué nos referimos con el término «mujer». Nos inculcan que la feminidad está «en peligro», y nos instan a «ser mujeres, permanecer mujeres, convertirnos en mujeres». Y es aquí donde radica el punto clave: una hembra «se convierte» en mujer por las condiciones sociales, lo que significa que «ella» difiere de una cultura a otra, y puede tener carencias en función del papel definitorio y prescriptivo que su sociedad haya establecido para ella.

«No existe ningún destino biológico, psicológico o económico que determine la figura que el ser humano hembra desempeña en la sociedad; es la civilización en su conjunto la que produce esta criatura… que se describe como femenina». Al sentar las bases para un debate sobre los derechos de las mujeres, De Beauvoir abrió la puerta a una interpretación mucho menos rígida de la condición de mujer; incluso fue más allá e identificó las tres cuestiones a las que las mujeres se enfrentarían en su lucha por la igualdad: su forma biológica, sus supuestos «rasgos psicológicos» y su falta de poder socioeconómico, puesto que el modelo del que se diferencian en todos los sentidos es el «hombre».

La biología no es el destino

En 1946, tan solo un año después de que las francesas accedieran al derecho a voto, De Beauvoir declaró que había dudado mucho antes de escribir un libro sobre «la mujer», porque «el tema es irritante, especialmente para las mujeres, y no es nuevo». Quizás tuviera en mente a los filósofos de la antigua Grecia, porque en el siglo IV a. C. Aristóteles había afirmado, en el Libro I de Política (350 a. C.), que la naturaleza de las mujeres y todo su potencial emanaban de su biología. Aristóteles se entusiasmó con su afirmación y declaró que «el varón es superior por naturaleza y la hembra, inferior; y que uno gobierna y la otra es gobernada; este principio, de necesidad, es extensible a toda la humanidad».

Si alguna vez ha habido un motivo de protesta, sin duda parece que sería el caso, pero por algún motivo (posiblemente por falta de poder económico, plataforma política, organización colectiva y dinero) las mujeres fueron incapaces de cuestionar políticamente esta línea de pensamiento durante unos dos mil años —si obviamos que Safo de Lesbos, la poetisa griega arcaica, ignoró alegremente las normas sobre el comportamiento de las mujeres unos doscientos años antes de que Aristóteles ni tan siquiera naciera—. Por otro lado, quizás fuera precisamente esta tendencia a evitar que hicieran las cosas que los hombres no querían que hicieran lo que provocó la aparición de instituciones culturales, económicas y religiosas en todo el mundo para asegurarse de que los hombres conservaran las riendas del poder en todos los ámbitos de la vida. La historiadora Estelle Freedman (n. en 1947) ha documentado cómo las redes de poder en todo el mundo evolucionaron y dieron pie a rígidas estratificaciones sociales, con profundas desigualdades de bienestar y poder, especialmente por motivos de raza y género.

En la época medieval, algunas rara avis, como la abadesa alemana Hildegarda de Bingen (1098–1179), la escritora italo-francesa Cristina de Pisano (1364–aprox. 1430) o el escritor feminista francés François Poullain de la Barre (1647–1723), osaron mostrar su desacuerdo con la posición «natural» en la que se hallaban las mujeres: mayormente, un rol de abnegada esposa, para que el hombre pudiera continuar con su vida ideal. A medida que la idea de los «derechos humanos» floreció en el siglo xviii, otras escritoras como Olympe de Gouges (1748–93) en Francia y Mary Wollstonecraft (1759–97) en el Reino Unido valoraron las diferentes vidas de los sexos. Se percataron de que, cuando los hombres hablaban de «derechos humanos», en realidad hacían referencia a los «derechos de los varones blancos», y se opusieron a esto en nombre del colectivo conocido como «mujeres». El feminismo, como movimiento político, había nacido y empezaba su andadura.

Qué haría Beauvoir - Larousse

Este texto ha sido extraído del libro ¿Qué haría De Beauvoir…? sobre cómo las grandes feministas resolverían tus problemas cotidianos.

Imagen destacada: CoWomen

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